Hay algo en la forma de trabajar de Yona que me parece muy inteligente, aunque creo que ella no lo vive como una estrategia sino simplemente como su manera de ser. Vuelve a los mismos sitios, cafés, museos, interiores, una y otra vez. Y al volver se convierte en una habitual, en alguien familiar, en parte del paisaje. La gente deja de reparar en ella. Y es entonces cuando sus fotos se vuelven reales. No capturadas , sino mas bien encontradas.
La mirada
Yona trabaja con paciencia. Regresa a los mismos lugares, a veces durante días, sin tomar una sola fotografía, hasta que la luz y el momento se alinean. “Mi trabajo trata sobre la presencia, la paciencia y la atención , sobre lo que existe en silencio antes de desaparecer.”
No busca el momento extraordinario. Busca el momento verdadero. Y para encontrarlo necesita tiempo, discreción y esa capacidad de fundirse con el entorno que solo se consigue volviendo. Una y otra vez.
Sus herramientas lo facilitan , la Ricoh GR III y el teléfono son pequeños, silenciosos, invisibles. No llaman la atención.
La semana que viene, Yona nos habla de lo que nutre su mirada y de dónde viene esa luz tan particular que envuelve todas sus imágenes.


