Cuando hablé con Caro hubo dos cosas me llamaron especialmente la atención en su proceso. La primera, esa búsqueda de una identidad visual propia, reconocer que imitar a otros no le salía natural y decidir encontrar su propio camino. La segunda, algo que me parece una de las definiciones más bonitas que he leído sobre la postproducción: que no sirve para mejorar una foto sino para volver a la emoción que sentiste cuando la hacías.
El proceso creativo
Caro trabaja exclusivamente con luz natural. Estéticamente es lo que más le convence, y además encontró en ese nicho un espacio de trabajo propio. La luz cambia, tiene límites, pero por ahora es donde se siente cómoda y donde mejor se expresa.
El revelado y la postproducción ocupan un lugar importante en su proceso, aunque no siempre fue así. Al principio tenía un discurso claro: la fotografía no se debe tocar demasiado. Con el tiempo y el conocimiento cambió de opinión.
“Lo que hace el revelado es llevarte o intentar ir a esa emoción que tuviste en el momento de sacar la fotografía, que no siempre se capta a través de la máquina.”
Y el blanco y negro a veces lo decide antes de disparar, a veces lo descubre en el revelado. No hay regla fija. Hay intuición.
En cuanto al minimalismo, llegó sin buscarlo. “Empecé de manera intuitiva, no fue premeditado.” Al principio le resolvió la falta de recursos, menos elementos, más claridad. Después se dio cuenta de que era su lenguaje. “Para mí es darle prioridad a una sola cosa, a un solo objeto. Yo hago un minimalismo bastante intenso, potencio al máximo el objeto elegido.”
La semana que viene, Caro nos habla de su mirada más personal, el claroscuro, la identidad y el fine art impreso.


