En su afán de minimalismo Martin va hasta el final, quita incluso el color. Y lo que me encanta es que a veces lo hace directamente desde la cámara, activando la previsualización en blanco y negro mientras compone. Para ver mejor. Para eliminar esa capa de información y quedarse solo con la estructura.
Y luego está algo que me llamó especialmente la atención: Martin no dice que trabaja con la luz. Dice que trabaja con las sombras. Una gran diferencia, ¿no te parece?
La mirada
Para Martin el blanco y negro no es una limitación, es una herramienta de enfoque. Sin color, la imagen se vuelve pura luz, forma, espacio y emoción. “Me permite eliminar una capa de información y guiar al espectador hacia la estructura de la fotografía.”
Y dentro de esa estructura, es la sombra la que manda. “La sombra me ayuda a simplificar. Elimina información, esconde distracciones y da a la imagen un sentido de silencio.” La luz da dirección y peso emocional; pero es la sombra la que construye el silencio. Juntas, dice, a menudo se vuelven más importantes que el propio sujeto físico.
¿Espera la luz perfecta o la busca activamente? Las dos cosas. A veces la escena ya existe y solo hay que esperar el momento justo. Otras veces es la luz la que crea la escena y hay que reaccionar rápido.
En cuanto a la composición, la decisión más importante es siempre la misma: qué excluir. “En la fotografía mínima, incluso un detalle innecesario puede debilitar todo el encuadre.” Busca primero un ancla, una forma, una línea, un parche de luz, y desde ahí construye por equilibrio. Lo que fortalece la imagen se queda. Lo que molesta, desaparece.
Y la figura humana, cuando aparece, es pequeña. “Me gusta cuando la figura se siente casi frágil dentro de una estructura mayor, como si la persona fuera parte de la geometría, pero también separada de ella.”
La semana que viene, Martin nos habla de sus influencias. Y también hablamos de su nuevo proyecto.
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