Por qué vuelvo siempre a esta estación
Llevo ya suficiente tiempo en Orléans como para haber conocido dos estaciones de tren.
La antigua era cuadrada y oscura. Sobre todo antigua.
Esta, en cambio, es todo lo contrario: ondeante, luminosa.
Digo ondeante porque su techo dibuja curvas suaves de metal, con franjas transparentes por donde se cuela la luz.
Y el frontal, que es completamente acristalado, hace el resto.
Cuando la luz decide aparecer, es un patio de juegos para la fotografia. Tanto por la luz como por las historias que puedes contar.
Ahora vuelvo a menudo. Como un pequeño ritual antes de volver a casa. Pero solo cuando hace sol. Mis momento favoritos, medio día haciendo franjas de luz y sombras o la del atardecer.
Haciendo esta foto confirmé tres cosas:
- Si conoces la luz, vuelves.
Sé que al atardecer, cuando el sol entra oblicuo, lateral, dibuja líneas limpias.
Así que muchas veces, cuando salgo a fotografiar, acabo pasando por aquí.
- La luz no solo ilumina, cuenta.
Recorta, separa, esconde.
Decide qué se queda y qué desaparece.
Y de pronto, alguien esperando ya no es solo alguien esperando: hay una historia.
- La repetición da ritmo.
Los módulos se suceden, uno tras otro, creando una cadencia visual.
Ordenan el espacio, guían la mirada.
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Como puedes ver, he eliminado los elementos que distraían, ya fuera por el color, ese triángulo amarillo al fondo, o por su presencia, como la papelera.
También he trabajado las sombras para ganar profundidad, dejando visible solo aquello que realmente quería que estuviera en la imagen.
Hasta el próximo post.
Inquadratura





Como en otras ocasiones en que publicas tus fotos y tus procesos, acompañados de reflexiones, aprendo mucho. "Si conoces la luz, vuelves" es un epígrafe que podrías usar para todo un curso de fotografía 😅