Con los años he entendido que casi nada de lo que aprendes cae en saco roto. Hay conocimientos y habilidades que parecen no servir para nada… hasta que, tiempo después, los necesitas para otra cosa.
Te explico:
La semana pasada, mientras preparaba los últimos detalles de esta nueva aventura de Inquadratura (¿no sabes de que hablo? Ains!! alma de cántaro, léelo aquí), me di cuenta de que tenía una historia importante que contaros antes de empezar: el ORIGEN de este proyecto.
Te cuento: Nunca habría imaginado que terminaría trabajando en una revista, y mucho menos todo lo que esa experiencia acabaría enseñándome. Como tampoco me imaginaba que junto con otra persona crearíamos un libro de recetas.
Algunas de esas lecciones tienen que ver con la fotografía. Otras con el diseño, la comunicación o las personas. Y sobre todo muchas no sabes que van a aparecer cuando te lanzas y aceptas esa nueva aventura que la vida te pone delante, no al menos hasta estás dentro.
Estas son algunas, y que gracias a ellas, imaginé esta pequeña “galeria fotográfica” matutina en Inquadratura.
Esa que te tengo preparada ahora si que si, para la semana que viene : el 7 septiembre .
¿Lo has anotado en tu agenda? ¿No?, pues no se a que esperas, la verdad :)
1° La gente importante suele ser la más accesible
Cuando empecé a contactar con fotógrafos, chefs, artistas y creativos para hacer entrevistas, pensaba que la mayoría ni siquiera respondería. Me equivocaba.
De hecho, cuanto más reconocido era el nombre, más fácil era recibir una respuesta. La mayoría contestaban con amabilidad, interés e incluso agradecimiento.
Es curioso cómo funciona eso.
También descubrí otra cosa: ser tímida y trabajar entrevistando artistas es la trampa perfecta.
Porque no escribes como tú. Escribes como la revista.
—Hola, soy Mónica, de la revista…
Y, de repente, esa frase te presta una seguridad que nunca habrías encontrado escribiendo simplemente:
—Hola, soy Mónica.
Si hubiera tenido que enviar esos mismos correos a título personal, probablemente no los habría mandado. Qué bobadas, conociendome, seguro!
2° Aprender a mirar
Antes pensaba que una buena fotografía era, simplemente, una fotografía bonita. Trabajar en una revista me enseñó que eso es solo una parte.
Aprendes a preguntarte:
¿Cuenta algo?
¿Funciona con el texto?
¿Hace que quieras seguir mirando?…
Empiezas a entender qué imágenes sostienen una historia, generan una emoción y cuáles solo son bonitas durante tres segundos antes de desaparecer de la memoria.
Y eso no se aprende leyendo. Se aprende viendo miles de imágenes, equivocándote, descartando y volviendo a mirar.
3° Nunca volverás a ver igual una página… ni una pared
También maqueté. Y maquetar cambia el cerebro.
Después de pasar horas alineando textos, ajustando márgenes y moviendo una imagen dos milímetros porque “ahora sí respira” o “así es simétrico”, ocurre algo.
Empiezas a detectar cualquier desequilibrio visual: una revista mal diseñada, un cartel descentrado, una portada con demasiado aire o una pared con cuadros torcidos.
No puedo evitarlo.
4° Entrevistar no consiste en hacer preguntas.
No soy periodista. Ni pretendo serlo para eso hace falta muchas cositas que no tengo.
Pero entrevistar me enseñó algo que sirve para casi cualquier conversación.
Las buenas preguntas ayudan. Las inteligentes también. Pero muchas veces lo más interesante aparece justo después.
Cuando dejas un pequeño silencio.
Cuando no corres a hacer la siguiente pregunta.
Cuando permites que la otra persona piense… y siga hablando.
Muchas de las mejores respuestas que he publicado llegaron exactamente así.
Esto ya lo vas a ver dentro de unos días.
5° El verdadero superpoder
Hay una parte que es visible:
Coordinar fotógrafos.
Perseguir textos.
Esperar imágenes que llegan tarde.
Rehacer páginas enteras porque cambió un detalle.
Responder correos.
Planificar el siguiente número mientras todavía estás cerrando el anterior.
Aprendí a llevar mil cosas a la vez, intentando que desde fuera pareciera que todo estaba perfectamente bajo control. Y esta, es la parte invisible.
Spoiler: casi nunca lo estaba.
Descubrí que esa capacidad de organizar el caos vale muchísimo más de lo que imaginaba. Quizá ese haya sido el aprendizaje más importante de todos. Y que no viene solo de la revista, en mi trabajo “real” (vamos con el que gano dinero) también es un superpoder que necesito, ese y la gestion del estrés.
Porque los proyectos cambian. Pero.. aprender a organizarte, trabajar dependiendo de otras personas, saber hacia donde vas y a mantener la calma cuando todo parece desordenarse… eso… es lo que te permite adaptarte al siguiente proyecto.
Este proyecto nace de una idea que he ido construyendo poco a poco, a mi propio ritmo, desde otra mirada y con una intención muy personal.
Porque al final, todo lo que aprendemos, todo lo que vivimos y todo lo que nos inspira acaba transformándose en algo nuevo cuando pasa por nuestra propia manera de mirar el mundo.



Este artículo llega justo en el mejor momento. Atravieso una etapa en un trabajo nuevo bastante estresante y bueno me ayudas a verlo con otros ojos, es una experiencia más que seguro me enseñará mucho y me servirá para el futuro, pero la cantidad de pelo que estoy perdiendo no sé si merece la pena😅
Toda la razón, todo lo que se hace es una experiencia que adquieres. Me ha encantado el artículo.