Hay algo que me resultó conocido en Marcus. Consultor de negocios de día, fotógrafo minimalista por pasión. Un trabajo que imagino estructurado, analítico, aparentemente lejos de cualquier ámbito creativo. Y, sin embargo, ahí están sus fotografías: colores planos, ventanas solitarias, figuras humanas… una belleza en lo simple que cuenta mucho con muy poco.
Digo que me resulta conocido, porque mi vida es algo igual. Tengo un trabajo muy alejado de lo artístico y la fotografía para llenar mi parte creativa.
Ocean view
El fotografo
Marcus Cederberg es sueco, vive en el centro de Suecia con su mujer Anna y sus dos perros Rhodesian Ridgeback, Enzo y Luca, y lleva diez años tomando fotografías con una obsesión muy clara: quitar. Quitar hasta que solo quede lo esencial. Hasta que lo que sobrevive en el encuadre lo diga todo.
Empezó con el iPhone, casi sin pretensiones. Pero cuando la gente comenzó a pedirle sus imágenes como impresiones artísticas, dio el salto a la cámara réflex. Lo que no cambió fue su mirada. “Como fotógrafo minimalista intento sacar del encuadre todo lo que puedo, en lugar de lo contrario.”
Instagram fue el detonante. En pocas semanas ganó miles de seguidores y descubrió que su manera de ver el mundo conectaba con mucha gente. “Nunca en mis sueños más salvajes podría haber anticipado la atención que ha recibido mi trabajo.” Y esa atención, dice, es lo que le sigue animando a seguir.
La semana que viene, Marcus nos abre su proceso creativo.


