Todo empezó con un mensaje directo en Instagram. Nada raro, de esos que a veces llegan: “Hola, me encantan tus fotos.” pero venia acompañado de “Tengo una asociación de dieta Keto y quiero hacer un libro de recetas de postres. ¿Te interesaría?”
Ahí me dio algo más de “canguele”. ¿Yo? ¿la fotógrafa de un libro? el caso es que con los años voy siendo mas decidida. Claro que como vengo de lejos, aún tengo mucho recorrido. Bueno a lo que vamos. Acepté!
Era febrero de 2020. El mundo aún no sabía lo que se le venía encima.
La idea original era sencilla (o eso creíamos): ir un fin de semana largo a su casa de campo, cocinar todas las recetas y fotografiarlas in situ. Un plan bonito, una preciosidad y cerca de Paris, con lo que para mi , perfecto. Tendríais que ver la casa… En fin recetas, campo, fotos, todo en un poco más que un fin de semana
Y entonces llegó el COVID.
Plan A: cancelado. Plan B: sobre la marcha.
Lo que iba a ser un fin de semana intensivo se convirtió en algo diferente. Cada semana, me envíaba una o dos recetas. Yo las cocinaba primero en mi cocina (esto le servia para saber, ¿Si eran realmente fáciles?, y luego las fotografiaba.
Habíamos definido el estilo de fotos, la línea visual del libro, y entre las dos, con un pandemia de por medio, lo sacamos adelante.
Solo hice las fotos, pero me siento parte de esto. Ya tengo el árbol plantado, los hijos y el libro.
No escribí las recetas. Pero cada imagen cuenta una historia: la de un libro que nació en un momento raro y quizás quien sabe, salió bien precisamente por eso. Por ir despacio. Por tener tiempo de pensar qué queríamos decir con cada foto.
Por eso “Yo he venido hoy aquí a hablar de mi libro” (si tienes ya unos años sabrás de que hablo sino busca la frase poniendo también Umbral ;) )
Es una experiencia de la que me siento orgullosa, supe decir que si a algo que pensé que me venía grande, que no era la adecuada… Pero superé ese síndrome del impostor y … aquí esta el libro




