A José le conocí hace ya un tiempo a través de otro fotógrafo. Le preguntamos si conocía a alguien que mereciera la pena para un proyecto, y nos pasó su nombre. Fue un flechazo con sus fotos ; en aquel momento trabajaba en color, y ahora hace blanco y negro. Me gustan las dos etapas. Hay fotógrafos que evolucionan y pierden algo por el camino. José no.
En cada etapa hay algo inconfundiblemente suyo.
El fotógrafo
Almeriense de nacimiento, José creció rodeado de óleos, lienzos y música. Sus padres le inculcaron desde pequeño el amor por la cultura y la pintura, una semilla que tardaría años en germinar de otra manera. Estudió Ciencias Económicas y lleva más de veinte años trabajando como Analista de Riesgos en Banca. Un mundo que como nos dice, es totalmente distinto a cualquier disciplina artística.
Llegó a la fotografía en 2019, casi por casualidad. Encontró en casa de sus padres una pequeña cámara que usaban en sus viajes, se la llevó de vacaciones, y algo despertó. “Con el tiempo me di cuenta de que, inconscientemente, era una forma de conectar de nuevo con la pintura, que desde muy niño despertó en mí una gran sensibilidad.”
Al principio, como muchos, se sintió atraído por el paisaje. Pero no le llenaba. Estuvo un año entero buscando algo que realmente le emocionase, un camino que reconoce puede ser frustrante, pero que considera absolutamente necesario. Fue su amigo y fotógrafo Blas Fuentes quien le inició en la fotografía callejera y le hizo ver lo que podía ser ese camino.
Luego llegó la pandemia. Y con ella, un punto de inflexión. Conoció el trabajo de Javier de la Torre, contactó con él y empezó a formarse de verdad. “Me hizo ver las claves de la fotografía.” Desde entonces, Javier de la Torre es su mentor y su gran referencia. Y la fotografía callejera, su mundo.
“La fotografía ya es parte de mi vida, llegó para quedarse. No soy profesional, ni lo persigo. Pero mi intención siempre es la de crecer como fotógrafo.”
La semana que viene, José nos cuenta cómo trabaja, su proceso creativo.


