El secreto de escribir sin agobios
Mi amigo José, “el abogado”.
(Siempre le hemos llamado así, como si fuera un personaje de una serie).
Es de esos amigos con los que has hablado mucho y de verdad.
De los que, aunque estén lejos, pueden empezar una conversación de WhatsApp con un simple:
“Ahora entiendo muchas cosas.”
Y tú no te sorprendes.
Sigues la conversación como si nada, aunque haga un año que no os veáis.
Eso hizo el otro día.
Entró directo y empezó a hablarme de mis posts de Substack.
Que ahora veía conexiones, que entendía mejor ciertas cosas sobre mí, que le parecía casi como mi sillón de terapia.
Y me dijo algo que me hizo pensar: que él no sería capaz de abrirse así, ni loco.
Yo le contesté:
“es que escribo como si nadie me leyera.
O como si no conociera a nadie.”
Y es verdad. Este es un poco mi truco.
Cuando escribo intento explicar cómo me siento y cómo voy evolucionando con la fotografía… y, a partir de ahí, salen otras muchas cosas.
Porque la fotografía nunca va sola.
Y creo que lo que me pasa a mí le pasa a mucha más gente.
Que los “creativos” somos así: no siempre en línea recta, más bien a saltos.
Hoy entusiasmo, mañana duda.
Un día claridad, al siguiente niebla.
Hoy una foto que me encanta, mañana otra que ya no tanto.
Con el tiempo he entendido que eso no es un problema, es parte del camino.
Vengo de Instagram, ese lugar maravilloso donde todo el mundo es perfecto, tiene luz increíble, vidas estupendas, viajes de ensueño y café en rincones ideales para leer frente al mar, montaña, ciudad etc que ya me gustarian para mi. (spoiler: no es cierto. No que lo quiera para mi, que eso si, sino que todo lo que vemos sea cierto y lo sabemos).
Enseñamos fotos estupendas o las mejores que tenemos, pero casi nunca lo que hay detrás: las dudas, los días torcidos, las fotos que no salen, el “no sé qué estoy haciendo pero sigo”.
Así que escribo y comparto por eso.
No para enseñar (aunque me gustaría. Proyecto??ummm), sino para compartir y aprender juntos.
Para normalizar los saltos, las curvas, los procesos.
Porque al final, lo interesante no es solo la foto bonita (que también).
Es hacerla
Deciros que, aunque sé que me leéis (y os lo agradezco 🤍), voy a seguir pensando que no. Es la única manera que tengo de ser natural.
Foto: Trinité sur Mer - Bretaña - Francia
Hasta el próximo post.
Inquadratura



