El arte de dejar espacio
o minimalismo
Vivo con tres hombres.
Mi marido y mis dos hijos.
Y siempre digo que tienen fobia a lo vacío.
Tengo la sensación de que cuando ven algo vacío ya sea una mesa, un armario, un hueco en cualquier rincón de la casa ; sienten una necesidad de rellenarlo. Y me dejan cosas. Siempre cosas.
Un papel.
Un cargador.
Una sudadera que “no está sucia”.
Algo.
Desde hace un tiempo lucho contra esto.
No sé… debo estar en mi fase minimalista.
A veces me da la ventolera y hago grandes limpiezas. Dejo lo menos posible. Vacío cajones. Reviso cajas. Y veo objetos que no hemos usado desde que nos mudamos aquí.
Hace 11 años.
Once.
¿Te imaginas?
¿Y por qué lo guardamos?
¿Qué mecanismo mental nos hace pensar que justo mañana, después de haberlo regalado, vendido o tirado, lo vamos a necesitar?
¿Una alineación de planetas?
Ya no es solo que cuanto menos tienes, menos ordenas.
Es que además no necesitamos tanto. De hecho si no lo usas es que no lo necesitas, ¿no ?
En fotografía a veces me pasa algo parecido.
Como no me he decantado por un solo tipo de fotografía, a veces juego a eso: a eliminar todo y dejar solo lo esencial.
La foto que te presento es un edificio de eventos y salones por el que paso delante todos los días, cuando voy al trabajo. Me encanta. Es completamente blanco. Geométrico. Limpio.
Pero necesitaba el momento exacto.
Sol.
y fuerte. (Y eso en Orléans es esperar al verano )
Para que las sombras fueran un elemento más.
Como el edificio es blanco, yo me vestí de negro riguroso. Y ahí me tienes, a plena solana, con mi trípode plantado en medio, esperando que la luz hiciera su trabajo.
Menos mal que no había NADIE.
Porque el minimalismo es precioso…
pero hacerte la interesante vestida de negro bajo el sol de justicia tiene sus límites.
Al final, en casa o en fotografía, es lo mismo:
Vaciar no es perder.
Es elegir.
Foto: Orléans - Francia
Hasta el próximo post.
Inquadratura




Me encantaaaaaa la fotoooo
Me encanta