Imagino que, como yo, cuando sales a hacer una sesión vuelves a casa con un número enorme de fotografías.
Las vuelves a mirar enseguida. Y entonces empiezan las decepciones.
Esta no es lo que viste.
Esta tampoco.
Esta que en el momento te parecía buenísima… ahora ya no tanto.
Y empiezas a descartar.
Desde hace un tiempo yo intento no borrarlas enseguida. O, al menos, no todas.
Porque con el tiempo he aprendido que algunas fotografías necesitan dormir.
Cuando vuelves a ellas días, semanas o incluso meses después, ya no estás mirando con los mismos ojos. Ya no tienes en la cabeza lo que acabas de vivir, la luz que había, el momento, la emoción, todo aquello que intentabas conseguir.
Ahora tienes los ojos más limpios.
Y entonces puede aparecer algo que antes no viste.
Quizá de aquella sesión solo habías salvado una fotografía. Y, tiempo después, vuelves a la carpeta y piensas:
¿Y esta? ¿Por qué la había descartado?
Me pasó con esta foto.
La había eliminado.
Y ahora, sinceramente, no sé por qué. Porque tiene algo que me encanta.
Esa división en dos: Blanco y negro
Esas lineas llevándote al personaje
La niebla que borra lo superfluo
Solo un color amarillo que te indica el camino
…
Con esto vuelvo al inicio: Deja dormir las fotos
***
Estación de tren de Orleans, a primera hora de la mañana, con niebla. He eliminado todo aquello todo aquello que llamaba la atención para dejar solo una parte clara y otra oscura, en simetría.
Hasta el próximo post.
Inquadratura




Muy buenos consejos