Hoy me he levantado pronto para ir a hacer fotos. El fin del verano y el comienzo del otoño es una de las mejores épocas del año para ello: la luz es suave, cálida, y el aire tiene esa claridad especial que solo se encuentra en estos días.
He ido al Loira.
Olía a humedad y hacía frío, pero con la promesa de un mediodía caluroso.
Ese olor, como tantos otros, tiene el poder de transportarte en el tiempo. Me ha traído recuerdos de las fiestas de pueblo con mi padre, madrugando para el encierro: esa sensación contradictoria de querer seguir durmiendo pero estar contento de haberse despertado, el frío de las primeras horas cuando aún no estás acostumbrado después de tantos días de calor, el rocío que anuncia que el verano se acaba.
Con todo esto en la cabeza, he buscado hacer una foto que capture ese sentimiento.
No se trata solo de la luz o la composición, sino de lo que esa imagen evoca.
Me gusta intentar conseguir que las fotos guarden un estado de ánimo, un momento que de otra forma se desvanecería.
Hasta el próximo post.
Inquadratura




